La Noche de Reyes es la noche más mágica de todas las noches…

En Argentina no llega la Befana, llegan los Reyes Magos, sí, ellos, Melchor, Gaspar y el Negro Baltazar, como canta un tradicional villancico. La Noche de Reyes es especial porque encierra en ella la simplicidad y la pureza de creer en la magia,  sólo eso nos basta.

 

Luego de un mes de opulentas cenas, festejos con risas, chapuzones en la pileta (piscina) a media noche, fuegos artificiales, pesebres vivientes hechos en familia junto a los primos, hermanos, abuelos, y tíos, llegan ellos, los tres hombres sabios acompañados de sus camellos, porque han de recorrer un largo viaje, y con ellos el recuerdo de que todo se ha acabado. Las fiestas se cierran con su pasaje por casa a media noche. Ellos son los que, según la historia cristiana, regalan oro, incienso y mirra al niño Jesús. Sus regalos son simbólicos, y también lo serán para los chicos que tanto los esperan.

 

Mis recuerdos de niñez de la Noche de Reyes son los de una noche tranquila, mis hermanos y yo preparábamos un par de zapatos cada uno, tenían que estar limpios y los teníamos que poner en orden porque allí nos dejarían el regalo los Reyes. Preparábamos un bol con agua y otro con pasto para los camellos, y un plato de galletitas y un vaso de vino o leche para los Reyes.

No pedíamos regalos, ya estábamos asqueados de tantos regalos, no pedíamos nada, nos bastaba saber que iban a pasar, que antes de ir a dormir teníamos que mirar hacia el cielo para buscar la estrella mas brillante que indicaba que estaban llegando y que nos teníamos que ir a la cama porque la magia no se ve, se siente…

 

La mañana siguiente nos despertábamos tempranísimo, ¡teníamos que ir a controlar cuanto lío habían hecho los camellos, que es lo que habían comido o no, si a los Reyes les habían gustado las galletitas y el vino y, si sobre los zapatos habían dejado algo para nosotros también! Generalmente nos encontrábamos con huellas de camellos, pasto tirado por el piso y galletitas masticadas a mitad, ¡qué satisfacción saber que habíamos hecho un buen trabajo! Que nostalgia saber que todo había terminado…

 

Tan fuerte y tan mía es la noche de Reyes que mis hijos, nacidos y crecidos en Italia saben que por casa no pasa la Befana, pasan los Reyes con sus camellos, vienen del desierto y traen a ellos también, si preparan sus zapatos en orden y dejan un don de agradecimiento, un regalo.

 

Es pura magia, no hay choque de culturas, conviven sin problemas una tradición con la otra, por lo de los “nonnos” la Befana, por casa los Reyes Magos. No hace falta siquiera explicarlo, porque todas las tradiciones, al fin y al cabo, no son otra cosa que recuerdos de infancia.

 

 Alejandra Giménez Cragnolino, profesora de inglés y español. Colabora con Centro Studi Ad Maiora.